Traducción al español y revisión de Lucia Hernandez-Pena, texto original escrito por Scott O. Lilienfeld, Ph.D. y Hal Arkowitz, Ph.D. (Reproducido con permiso. © 2007 Scientific American Inc. Todos los derechos reservados.)
Todos hemos escuchado estas frases antes. “Psicópata violento” (21.700). “Asesino en serie psicopático” (14.700). “Asesino psicopático” (12.500). “Psicópata trastornado” (1.050) (nota: los números corresponden a la búsqueda cuando el post fue publicado en 2011). El número entre paréntesis de resultados en Google que sigue a cada una de esas palabras da fe de su relevancia en la cultura popular. Sin embargo, como pronto descubriremos, cada frase encarna un error muy difundido respecto a la personalidad psicopática, a menudo llamada psicopatía o sociopatía. De hecho, pocos trastornos son tan malinterpretados como la personalidad psicopática. En este post, haremos lo posible por aclarar la verdad y disipar los mitos populares sobre esta condición.
Encantador pero despiadado
Descrita sistemáticamente por primera vez por el psiquiatra del Medical College of Georgia Hervey M. Cleckley en 1941, la psicopatía consiste en un conjunto específico de rasgos de personalidad y conductas. Superficialmente encantadores, los psicópatas tienden a causar una buena primera impresión en los demás y a menudo parecen sorprendentemente normales a ojos de los observadores. Sin embargo, son egocéntricos, deshonestos y poco confiables, y en ocasiones se comportan de manera irresponsable sin otra razón aparente más que la simple diversión. En gran medida desprovistos de culpa, empatía y amor, mantienen relaciones interpersonales y románticas superficiales y frías. Los psicópatas ofrecen rutinariamente excusas para sus acciones temerarias y a menudo escandalosas, culpando en su lugar a otros. Rara vez aprenden de sus errores o se benefician de feedback negativo, y tienen dificultades para inhibir sus impulsos.
No sorprende que los psicópatas estén sobrerrepresentados en las prisiones; los estudios indican que alrededor del 25% de los presos cumplen criterios diagnósticos de psicopatía. Sin embargo, la investigación también sugiere que un número considerable de psicópatas puede estar caminando entre nosotros en la vida cotidiana. Algunos investigadores incluso han especulado que los “psicópatas exitosos”, aquellos que alcanzan posiciones destacadas en la sociedad, pueden estar sobrerrepresentados en ciertas ocupaciones, como la política, los negocios y el entretenimiento. No obstante, la evidencia científica para esta intrigante conjetura es aún preliminar.
La mayoría de los psicópatas son hombres, aunque se desconocen las razones de esta diferencia entre sexos. La psicopatía parece estar presente tanto en culturas occidentales como no occidentales, incluidas aquellas con mínima exposición a representaciones mediáticas de la condición. En un estudio de 1976, la antropóloga Jane M. Murphy, entonces en la Universidad de Harvard, encontró que un grupo aislado de inuit de habla yupik cerca del estrecho de Bering tenía un término (kunlangeta) que utilizaban para describir “a un hombre que miente y engaña repetidamente, roba cosas, aprovecha sexualmente a muchas mujeres, alguien que no presta atención a las reprimendas y que siempre es llevado ante los ancianos para ser castigado”. Cuando Murphy preguntó a un inuit qué haría normalmente el grupo con un kunlangeta, respondió: “Alguien lo habría empujado fuera del hielo cuando nadie estuviera mirando”.
La medida más consolidada de la psicopatía, la Escala de Evaluacion de la Psicopatía (PCL-R), desarrollada por el psicólogo de la Universidad de British Columbia Robert D. Hare, requiere una entrevista estandarizada con las personas a evaluar y un examen de sus expedientes, como antecedentes criminales y educativos. Los análisis de la PCL-R revelan que comprende al menos tres categorías de rasgos que se solapan, pero que son separables: déficits interpersonales (como grandiosidad, arrogancia y engaño), déficits afectivos (falta de culpa y empatía, por ejemplo), y conductas impulsivas y criminales (incluyendo promiscuidad sexual y robo).
Tres mitos
A pesar de la abundante investigación de las últimas décadas, las percepciones erróneas populares sobre la psicopatía persisten. Aquí consideraremos tres de ellas.
- Todos los psicópatas son violentos.
Investigaciones de psicólogos como Randall T. Salekin, actualmente en la Universidad de Alabama, indican que la psicopatía es un factor de riesgo para la violencia física y sexual futura. Además, al menos algunos asesinos en serie, por ejemplo, Ted Bundy, John Wayne Gacy y Dennis Rader, el infame asesino “BTK” (Atar, Torturar, Matar), han manifestado numerosos rasgos psicopáticos, incluyendo encanto superficial y una profunda ausencia de culpa y empatía.
No obstante, la mayoría de los psicópatas no son violentos, y la mayoría de las personas violentas no tienen psicopatía. En los días posteriores a los horribles tiroteos de Virginia Tech del 16 de abril de 2007, muchos comentaristas periodísticos describieron al asesino, Seung-Hui Cho, como “psicopático”. Sin embargo, Cho exhibía pocos rasgos de psicopatía: quienes lo conocían lo describían como marcadamente tímido, retraído y peculiar.
Lamentablemente, la actual cuarta edición revisada del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV-TR), publicada en 2000 por la Asociación Americana de Psiquiatría, solo refuerza la confusión entre psicopatía y violencia. Describe una condición llamada trastorno de la personalidad antisocial, caracterizada por un historial prolongado de conducta criminal y a menudo físicamente agresiva, refiriéndose a ella como sinónima de psicopatía. Sin embargo, la investigación demuestra que las medidas de psicopatía y de trastorno de la personalidad antisocial solapan solo moderadamente.
- Todos los psicópatas tiene psicosis.
A diferencia de las personas con trastornos psicóticos, como la esquizofrenia, que a menudo pierden el contacto con la realidad, los psicópatas casi siempre son racionales. Son muy conscientes de que sus acciones imprudentes o ilegales son erróneas a los ojos de la sociedad, pero desestiman estas preocupaciones con una despreocupación sorprendente.
Algunos asesinos en serie notorios referidos por los medios como psicopáticos, como Charles Manson y David Berkowitz, han mostrado rasgos marcados de psicosis más que de psicopatía. Por ejemplo, Manson afirmaba ser la reencarnación de Jesucristo, y Berkowitz creía recibir órdenes del perro de su vecino Sam Carr (de ahí su apodo adoptado “Hijo de Sam”). En contraste, los psicópatas rara vez tienen psicosis.
- La psicopatía es intratable.
En la popular serie de HBO Los Soprano, la terapeuta (Dra. Melfi) terminó la psicoterapia con Tony Soprano porque su amiga y colega psicóloga la convenció de que Tony, a quien la Dra. Melfi había concluido que era un psicópata clásico, no tenía tratamiento. Más allá de que Tony mostraba varias conductas que eran definitivamente no psicopáticas (como su lealtad a la familia y su apego emocional a un grupo de patos que había hecho de su piscina su hogar), el pesimismo de la Dra. Melfi puede no haber estado justificado. Aunque los psicópatas a menudo no están motivados a buscar tratamiento, investigaciones de la psicóloga Jennifer Skeem, de la Universidad de California en Irvine, y de sus colegas sugieren que los psicópatas pueden beneficiarse tanto como los no psicópatas de la terapia psicológica. Incluso si los rasgos centrales de la personalidad psicopática son extremadamente difíciles de cambiar, sus conductas criminales pueden resultar más susceptibles al tratamiento.
La psicopatía nos recuerda que las representaciones mediáticas de la enfermedad mental a menudo contienen tanta ficción como hechos. Además, los malentendidos generalizados sobre tales afecciones pueden producir consecuencias desafortunadas, como descubrió Tony Soprano poco antes de que la pantalla de televisión se quedara en negro.