A través de los ojos de un/una superviviente: Encontrando esperanza en la investigación: Conectando la investigación sobre psicopatía con mi vida

—

7–10 minutos

Traducción al español y revisión de Lucia Hernandez-Pena, texto original escrito por Alison.

Desde muy temprano en mi vida me sentí como una extraña, incapaz de hacer amigos y de tener la cercanía que veía entre otras personas. ¿Por qué no para mí? No podía entenderlo y no sabía qué hacer al respecto.

Durante décadas lloré y traté de lidiar con la pérdida de tantos amigos que realmente me importaban; los esfuerzos que hacía por mis amistades y gran parte de lo que estaba construyendo en mi vida se desmoronaba de repente, y me sentía impotente.

Mis padres no ofrecieron apoyo personal ni reconocimiento, y me sentía como un globo con pies, teniendo que rebotar después de cada esfuerzo fallido.

Aunque me culpaba a mí misma por estas pérdidas personales, logré alcanzar un alto nivel educativo en mis primeros años de adulta y necesitaba entender por qué podía lograr esto mientras seguía siendo incapaz de funcionar sin miedo en mi vida personal.

Ir a terapia me ayudó a reafirmar mis capacidades y mi valor, pero no señalaba el problema.

Durante mis estudios de psicología (década de 1980) no encontré cursos que aclararan el complejo síndrome de la psicopatía. Este trastorno estaba listado junto con otros “trastornos de la personalidad” y no podía ver la relevancia inmediata para mi situación.

Finalmente, por casualidad en 2010, me encontré con Without Conscience y Snakes in Suits (nota: “Sin conciencia” y “Serpientes con traje” de Robert D. Hare) en una biblioteca comunitaria.

No estaba segura de qué esperar, pero al comenzar a leer las características más relevantes y los rasgos clave de las personas conocidas por tener psicopatía, me sorprendí y salí a comprar esos libros. Comencé a subrayar, resaltar y marcar páginas. Escribía las iniciales de quienes me habían hecho daño en los márgenes, y poco a poco me di cuenta de que casi todos los rasgos encajaban con alguien omnipresente en mi vida… ¡Mi madre!

Pronto encontré la página web de la Fundación Aftermath: Surviving Psychopathy, y supe que había hallado el recurso continuo que tanto necesitaba.

Al leer los resúmenes de investigación en los posts, sentí como si estuviera abriendo un cofre del tesoro. Me llegaban ideas y posibles respuestas. Las conexiones entre los hallazgos de la investigación y mis experiencias se hacían más claras, y cuanto más leía, más sentido tenía mi situación; estaba cada vez más esperanzada. ¡Estaba atando cabos!

Me di cuenta de que no todo era mi culpa, de que mi madre había sido cruel con mi querido hermano y conmigo, desde nuestra infancia temprana. Parecía considerarnos a cada uno como un obstáculo en su vida, algo que debía apartar de en medio, empujándonos, tirando de nosotros, amenazándonos. Gritaba de repente sin razón aparente, y a menudo decía: “Podría matarte”. Nos volvíamos invisibles, temerosos y silenciosos. Tenía miedo de mirarla a los ojos, pues había odio en ellos.

Desde que tengo memoria, mientras crecíamos, ella influía en otros para que nos hicieran daño y nos aislaran. Incitaba a nuestro padre a golpear violentamente a mi hermano, y yo resultaba herida por accidentes provocados de manera intencional. Mi hermano y yo sufrimos muchas lesiones, incluidas conmociones cerebrales.

Todo esto lo hacía mientras mantenía una noble imagen social.

La mayoría del tiempo mi hermano y yo estábamos separados tanto entre nosotros como de los demás, pero fue mi hermano quien salvó mi vida de no querer morir. Él me amaba. Al saber que él existía, yo sabía que era una persona y no una cosa.

En mi adolescencia consideré el suicidio varias veces, sin conocer la fuente de mis problemas, pues aunque mi madre generalmente era hostil conmigo, no podía haber imaginado su tenacidad ni el alcance de sus mentiras encubiertas.

Más tarde, a pesar de todo lo que había logrado y ganado en mis primeros años de adulta, ella logró destruir mi reputación, mi matrimonio y deshacer la vida que estaba construyendo. Tuve que empezar de nuevo a finales de mis treinta, con la mayor parte de mi familia en mi contra y con muy poco apoyo económico o social.

Estaba aterrorizada.

Poco a poco aprendí a reconstruir. Persistí en mis estudios académicos, luego inicié lo que se convirtió en una carrera exitosa, y miraba con esperanza hacia el futuro.

Encontré un propósito en mi trabajo y comencé a ampliar mi práctica, pero mis planes se truncaron. Colapsé a los 49 años y nunca pude volver a trabajar. Fue el inicio repentino de una enfermedad crónica con la que aún vivo.

Afortunadamente, para entonces, ya me había vuelto emocionalmente fuerte y resiliente. Intenté mantener a mi madre a distancia y comencé a conversar con mi hermano sobre nuestras experiencias espantosas con ella. Era la primera vez en nuestras vidas que podíamos compartir parte de esta información.

Mi hermano siempre había sido un objetivo directo de ella, y continuó siéndolo durante toda su vida. Ella era persistente y depredadora, y se deleitaba abiertamente en las humillaciones que planeaba, en las lesiones que él sufría y en el odio que generaba entre él y otros.

Él estaba desconcertado y profundamente dolido por su abuso manifiesto, pero, al crecer, fue capaz de mantener sus valores y su honor personal. No devolvía los golpes ni hacía daño a alguien en represalia. Era heroico, pero había sufrido heridas físicas y emocionales que no pudo superar, y creo que esto contribuyó a un final prematuro de su vida. Le echo de menos profundamente.

A mitad de mi vida, yo ya era una persona bien informada que buscaba activamente respuestas sobre el comportamiento de nuestra madre, pero no sabía dónde mirar. Si hubiera recibido educación sobre los rasgos del psicópata durante mis estudios, mi hermano y yo habríamos percibido el peligro con mayor claridad y, juntos, habríamos actuado en consecuencia.

Ambos sabíamos que nuestra madre era peligrosa, pero podríamos haber atado cabos y haber protegido mejor de nosotros mismos.

Si hubiera tenido esta información antes, es posible que lo hubiera salvado.

Ahora, en la etapa tardía de mi vida, paso un duelo pero estoy agradecida de contar con información de investigación científica disponible. Encontrar los recursos en 2010 fue un punto de inflexión en mi vida; finalmente pude comprender el contexto que había vivido. Comencé a darle sentido a mis miedos y pérdidas, así como a los de mi hermano.

Cuanto más leo sobre este complejo trastorno, más profundamente entiendo tanto a las personas con altos rasgos de psicopatía como a quienes ven dañadas sus vidas como consecuencia. Puedo aplicar este conocimiento para ayudar a aliviar, en cierta medida, mis sentimientos de desesperanza e ira. Mi madre falleció, dejando un terrible legado. Hasta el final de su vida, su comportamiento hacia sus hijos reflejó un sorprendente número de los hallazgos relevantes descritos en los resúmenes de investigación que he leído.

Por lo tanto, soy optimista porque la investigación continúa a nivel mundial y está siendo enseñada para que las futuras generaciones puedan entender.

………………………………………………………………………………………

El trastorno de la psicopatía puede ser entendido por el público como un trastorno serio, no como una lista de insultos. Es posible que las víctimas no informadas identifiquen su situación y sean realistas sobre las posibles trampas que les esperan, y que alerten a otros que puedan intervenir antes de que ocurra un desastre.

Me encontré con la información por pura suerte. El Dr. Hare estaba trabajando en la PCL (nota: Escala de Evaluación de la Psicopatía de Hare) en los años setenta y en su libro esclarecedor en los noventa, por lo que esta guía aún no estaba disponible públicamente durante mis estudios. Fue un momento agridulce para mí al leer Without Conscience (nota: “Sin conciencia” de Robert D. Hare), al darme cuenta de que mi propia madre tenía la mayoría de los rasgos descritos.

Sin embargo, una vez que lo descubrí, comencé a buscar activamente resúmenes de investigación, y mi perspectiva sobre mi propia vida cambió drásticamente. Leo todo lo que puedo y sigo la información disponible a medida que aparece más.

Imagino que miles de víctimas desinformadas agradecerían una oportunidad similar de encontrar los recursos necesarios. Afortunadamente, existen organizaciones que publican hallazgos de investigación científica para lectura pública, como la Fundación Aftermath: Surviving Psychopathy. Sin embargo, existe un abismo entre el conocimiento disponible y el conocimiento por parte del publico general de su existencia. Este abismo debe ser superado.

Las instituciones educativas y de salud pública, por ejemplo, podrían ayudar a aumentar la atención del público hacia estos recursos.

El objetivo de aumentar la concienciación pública merece un apoyo financiero significativo. Esto es necesario al mismo tiempo que se incrementa el apoyo a la investigación científica. Idealmente, deberían destinarse fondos para apoyar proyectos de investigación que reflejen la magnitud de los problemas que surgen en la sociedad a partir de las personas con rasgos psicopáticos.

Desde mi perspectiva, llegué a ser libre para valorarme a mí misma y disfrutar de mi vida a pesar de mis limitaciones de salud. Conservo buenos amigos, obtengo fuerza espiritual a través de mi fe y he aprendido muchas formas de aliviar la tristeza.

Creo que, si las víctimas no son conscientes de la información disponible, pueden verse sobrepasadas por el daño y las crueldades que se cometen, y llegar a ser incapaces de buscar alegría en otros aspectos de la vida.

Encontrar información precisa sobre la psicopatía fue un despertar para mí. Espero que encontrar este conocimiento pueda brindar una clave a otras personas que sufren por el daño causado por un miembro de la familia con psicopatía y a muchos otros que sufren sin saberlo por los comportamientos de una persona con psicopatía.

Escrito por Alison